viernes, 30 de septiembre de 2016

Colombia se prepara para un plebiscito histórico

Luego de muchas, pero muchas horas de vuelo, de buses y de largas esperas en aeropuertos, llegué a Bogotá, Colombia con el fin de vivir un plebiscito histórico. El pueblo colombiano decidirá si acepta el acuerdo de paz firmado entre el Presidente Santos y la guerrilla de las FARC. 
Este acuerdo se gestó y fue tomando forma durante cuatro años en la Habana, Cuba. Ahora será la ciudadanía la que decida. 
Las encuestas que daban ganador al SÍ por un amplio margen hoy día están arrojando números más ajustados, sobre todo en las grandes ciudades como Bogotá, Cali y Medellín. Lo llamativo es que en los poblados rurales que más han sufrido la guerra durante estos 52 años y han aportado el mayor número de muertos, el SÍ se alza con más fuerza. Es que la necesidad de paz sobrepasa a la de venganza; y aunque no dejen de reclamar justicia por los familiares que han sido víctimas de éste largo conflicto, entienden que es hora de dejar a las generaciones venideras una Colombia pacificada y que pueda desarrollarse. 
Colombia ha perdido la posibilidad durante cinco décadas de desarrollar las regiones rurales debido a la falta de inversiones nacionales y extranjeras. Ahora comienzan un camino que esperan pueda revertir ésta situación en los años venideros.

Debate mediático
Desde que aterricé en Bogotá pude hablar con varias personas acerca de la situación del país y del plebiscito del domingo próximo. William, un hombre de unos 40 años, taxista, me dice que votará por el No, que no cree en el pedido de perdón de Timochenko y que las FARC terminarán siendo un partido político con armas. Este discurso lo he oído a lo largo del día en diversos medios.  Por su parte, Angélica, una vendedora callejera de arepas, votará por el SÍ junto a toda su familia esperando que su país pueda vivir en paz de una vez por todas. Si bien en la calle se vive con tranquilidad las horas previas al acto electoral, en cada canal informativo se puede escuchar acalorados debates en favor de uno y de otros. Tal vez en las redes sociales es dónde se puede observar mayor diarrea verbal a la hora de defender o atacar las posiciones. El anonimato que dan las redes permiten que uno no mida sus palabras y las agresiones florezcan fácilmente. 
Ya estamos a  sólo 48 hs de éste plebiscito histórico que definirá un antes y un después para los millones de colombianos y un nuevo aire para toda la Patria Grande de América del Sur.

Para ver los putos del acuerdo:
http://www.acuerdodepaz.gov.co/?source=gobierno



                                                                                                                         Reportero Nómade

jueves, 29 de septiembre de 2016

Colombia se prepara para un plebiscito histórico.


Las primeras impresiones no dejaron de sorprenderme. Si bien todas las encuestas que conocía daban cuenta de una ventaja de alrededor de 40 puntos en favor del sí para el plebiscito del próximo domingo, en las calles de Bogotá el voto por el NO se hace escuchar.

William, un conductor de taxis cuenta que toda su familia votará afirmativamente y aunque cree que el SÍ triunfará, él lo hará por el NO. Cree que las FARC no se han arrepentido y que el discurso de Timochenko durante el acto de firma del acuerdo fue dubitativo a la hora de pedir perdón a la sociedad civil.  En ese sentido también Juan Carlos, un joven recepcionista de hotel argumenta que su voto será por el NO ya que no cree que el país pueda salir adelante si la justicia no encarcela a los responsables de las acciones armadas que se cobraron miles de vidas de colombianos y colombianas. 
Angélica, es una señora que vende arepas en las calles de Bogotá, ella cree que el NO será fuerte en las grandes ciudades de Colombia como Medellín, Bogotá y Cali,  ciudades que no han sufrido en demasía el accionar de las FARC. A su vez, analiza que los poblados rurales que más han sufrido estos años de guerra y han puesto la mayoría de los muertos, votarán mayoritariamente por el SÍ. 
Ella confía en que quienes piensen votar por la negativa, puedan cambiar de opinión en éstas 48 hs previas al plebiscito y apostar a darle a Colombia una oportunidad para la Paz.

En las calles se vive con calma la previa al plebiscito, aunque en todos los canales informativos se pueden ver acalorados debates. Las redes sociales muestran una temperatura social mucho más elevada al momento de la discusión política.  


Para ver los puntos del acuerdo entre el Gobierno de Colombia y las FARC:

http://www.acuerdodepaz.gov.co/?source=gobierno                                                                                                                                                
                                                                                                                                                R.N.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Colombia sueña con la paz.



Tras 52 años de guerra, el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC llegan a un acuerdo histórico de paz. Hace tres días se firmaba en Cartagena este primer paso hacia la construcción de una nueva Colombia. Este acuerdo deberá ser refrendado por la ciudadanía a través de un plebiscito que se realizará el próximo domingo 2 de octubre. Cabe recordar que además de las FARC, aún quedan otros grupos armados que no forman parte de este acuerdo y que se hará necesario una pronto resolución, como es el caso del ELN, los paramilitares y las bandas narcotraficantes.  Estos últimos han financiado y negociado con todas las partes en disputa, tanto con el gobierno como con los grupos armados.
Desde mañana, Reportero Nómade se muda a Bogotá para contarte cómo se desarrolla el plebiscito y los casi seguro festejos posteriores. Al día de hoy las cifras que se manejan son de una diferencia de 70 a 30% a favor del SÍ a la paz.

Además conoceremos que piensa y que sienten los colombianos y las colombianas de éste acuerdo que debería marcar el inicio de una nueva vida para una Colombia desangrada.  Miles de desplazados internos, muertos, mutilados, desaparecidos y secuestrados han regado con su sangre el suelo de esta hermosa nación. Y ahora esperan por fin vivir en un país pacificado, sin regiones impenetrables, sin secuestros y sin persecución política.
El presidente Santos quien fuera ministro de su antecesor Uribe, ha sorprendido al mundo con su política de negociación apostando a la paz y antagónica a las prácticas del ex presidente Uribe. Ahora deberá comenzar un difícil camino, el de la inserción de los miembros de la guerrilla de las FARC a la vida civil, lejos de las armas. Es bueno recordar que muchos de los miembros de ésta organización guerrillera han nacido y se han criado en la selva, en los campamentos de los insurgentes por lo tanto tenían vedadas sus posibilidades de poseer un documento de identidad, de acceder a la escuela o a la universidad. Esto empieza a cambiar. Los líderes guerrilleros podrán apostar a la lucha electoral y el resto de los guerrilleros podrán vivir una nueva vida en una nueva Colombia, por lo menos es el deseo de la enorme mayoría de los colombianos.


R.N.















miércoles, 14 de septiembre de 2016

Cuando la religión es una aliada.




Estando en los campos de refugiados, por llamarlos de alguna manera, ya que la mayoría aún no encuentra el anhelado refugio, traté de imaginarme una situación similar pero en América.  Recorrí con mi mente diferentes situaciones que viví desde que estuve en la Isla de Lesbos hasta el último campo en Sindos pasando claro por Idomeni, lo que fue el mayor campo de refugiados de Europa y que albergaba más de 13.000 almas.
Recuerdo los rostros pacíficos y pacientes, aunque muchos se parecían más a resignación. Las largas colas que serpenteaban los corralitos para conseguir una sopa de verduras o la inmundicia de comida que les entrega el gobierno griego acompañado de alguna fruta y una factura bien chiclosa y seca. La queja aparecía, claro, seis meses después de ver bloqueados sus sueños de llegar a Alemania, Francia, Inglaterra o cualquier país que los recibiese por el cierre de las fronteras hacia los Balcanes. Seis meses o un año según el caso, esperando y esperando, algún malestar genera. Pese a ello no se pierde lo pacífico de las protestas. “Open the Borders” rezan algunas leyendas pintadas en las tiendas de campaña.  Aprovechan la llegada de algún medio de prensa para desahogar sus penas y suplicar a los líderes d Europa que ablanden sus corazones y los dejen seguir camino. A pesar de todo y lo poco que tienen, siempre se guardan una sonrisa para regalar y una invitación a compartir el poco alimento que consiguen cuando no, una taza de té. Recuerdo las caminatas por Idómeni con Hasan y nuestras largas charlas sobre el Corán y las costumbres del Islám. Podíamos compartir o no algunos conceptos, pero siempre nos perdíamos en las risas ante cada pequeño contrapunto. Pasaban frío, calor, hambre y olvido pero allí seguían. Esperando.
Como argentino y por la empatía que había logrado con muchos de ellos, no podía dejar de sentirme afectado y pensar en mi familia, en mi gente, en mi pueblo. ¿Cómo hubiésemos reaccionado nosotros ante una situación similar?
Les aseguro que no tenía nada que ver con lo que viví estos meses de trabajo con sirios, afganos, iraquíes  y kurdos entre otros. Nos imagino más beligerantes, con discusiones eternas y subidas de tono, imagino conflictos territoriales por las carpas, pienso en la conocida “viveza” argentina y en cómo sería el trato para con los chilenos, bolivianos o paraguayos  y viceversa dentro de un campo de refugiados en común. Cómo nos jugarían las rivalidades… Pienso en ello y nos veo más violentos. Me imagino las horas y horas de tedio e incertidumbre regadas por el alcohol y otras sustancias que sumadas a la situación extrema podría ser una combinación letal. Puede que esté equivocado o muy equivocado pero es lo que imagino. Nos imagino muy lejos de la realidad, que hoy se vive en los centros para “refugiados”. Hay conflictos y diferentes situaciones de violencia. Pero el hecho del no consumo de drogas o alcohol prohibido por el islam ayuda y mucho a que esas situaciones no se desmadren.
Hollywood, como agencia de propaganda norteamericana, ha logrado instalar en el imaginario colectivo occidental, la idea de equidad entre musulmán y terrorismo. Como lo han hecho con los indios salvajes combatidos por gloriosos cowboys, con los amarillos vietnamitas que torturaban nobles soldados americanos en la selva, con los sudamericanos narcotraficantes, sucios y guerrilleros que se oponían al sueño americano de la Escuela de las Américas. Hace ya unos años se han embarcado en posicionar a los musulmanes como los culpables de todos los males y de cada atentado. No importa quien entrenó a Osama Bin Laden, tampoco quién potenció a Sadam Hussein y financió a los rebeldes en Siria para desestabilizar al gobierno.
Musulmanes los hay de todo tipo, como cristianos, hindúes, judíos o ateos. Pero mi experiencia en los diferentes trabajos con refugiados, en su mayoría musulmanes, ha sido de mucho respeto. Los veo solidarios, pacíficos,  estigmatizados por los actos inhumanos del Isis y demás grupos que se proclaman musulmanes pero asesinan sobre todo a otros musulmanes. El miedo y la ignorancia nos hace una sociedad  débil, xenófoba y cada vez más fascistas.
Agradezco a personas como Mohamed, Hasan, Nizar que me enseñaron a limpiar la basura que desde los medios y Hollywood nos van colando día a día desde un bombardeo informativo constante.





lunes, 5 de septiembre de 2016

Los gigantes de Lesbos



Para no perder dimensión del aquí y ahora, muchas veces me remonto a miles de kilómetros del aquí.  Cuando las noticias me hablan de todos los maleficios del mundo, de las tormentas de mierda que nos llueven a diario, cuando el avaro da un paso más y el cielo se desploma sobre nuestras espaldas, ahí, precisamente ahí, vuelvo mi mente hacia Lesbos.
Lesbos es una pequeña isla griega a tan sólo 9 kms de la costa turca. Desde que comenzó el éxodo de Siria, Afganistán y otros países de la región, esta isla ha sido el primer el primer refugio para quienes lograban llegar con vida al otro lado del mar. Al decidir embarcarse sabían que primero debían pagar una suma que rondaba los mil euros por persona y luego si, subir a una precaria embarcación sin capitán, que los llevaría a las puertas de Europa.
El mar se ha cobrado ya, desde que comenzó la guerra, más de 15.000 muertes. Cada una de esas personas se embarcó con un sueño, llegar vivo para comenzar una nueva vida sin bombas ni ejecuciones. Esos sueños también se ahogaron en lo profundo del Mediterráneo.
Entre tanta muerte conocí a unos gigantes. Eran personas como cualquiera de nosotros pero con la diferencia que estaban dispuestos a arriesgar sus vidas de ser necesario por salvar otras. Ellos eran un puñado de guardavidas españoles en su mayoría, aunque también había dos argentinos y un uruguayo, que habiendo terminado su temporada de trabajo en Barcelona habían viajado a Lesbos para ayudar en los rescates. A los pocos días conocí también a Essam, un médico palestino que estaba sólo y se sumó al equipo de rescatistas. Todos voluntarios, ninguno cobraba por estar allí. Ellos son quienes hacían lo que debían hacer desde la Unión Europea. Es por ellos que la triste cifra de más de 15 mil muertes no asciende a más de 30 mil. Es por gente como ellos, que salieron del confort de sus casas para ayudar a quienes cada día se lanzaban al mar para alcanzar Lesbos u otra isla de Grecia. Tengo grabado en la retina las lágrimas de agradecimiento de hombres y mujeres al bajar de los botes. También de las lágrimas de los socorristas al no poder salvar a alguien.
Estuve en octubre de 2015 en Lesbos, durante el gran éxodo. Fui testigo de lo que logra hacer una persona empapada de amor. Hoy desde esta humilde página quería solamente rendirles homenaje a ellos que hoy continúan trabajando en el mar, en los campos de refugiados, en las islas, los voluntarios de cada una de las cientos de organizaciones que ponen esfuerzos, alma, tiempo y dinero para que los millones de personas en busca de refugio estén un poquitito mejor y vivos.


jueves, 1 de septiembre de 2016

El abrazo de Nur




Nur había comenzado la escuela. El primer grado le generaba
muchas ilusiones. Tenía su mochila cargada de colores, ganas de jugar y dibujar. Al poco tiempo de comenzar las clases, una bomba destruyó su aula y sus sueños. Otras bombas hicieron lo mismo con su casa. Fue cuando Nizar, su papá decidió junto a su esposa, que era tiempo de escapar del infierno. Nur y sus hermanitas Maiz y Aya partieron con sus padres desde Siria hacia Turquía dejando todo atrás y con un futuro absolutamente incierto. El viaje fue muy duro. Una vez en Turquía debieron pagar a las mafias una gran cantidad de euros para poder embarcar en unas balsas de goma muy precarias con destino Lesbos (Grecia). Sabían que se jugaban la vida en el intento pero quedarse era una muerte segura. 
Tras unas horas en el Mar Egeo lograron llegar a la isla griega. El primer y peligroso desafío se había cumplido.  Allí estuvieron unos días hasta que pudieron seguir camino hacia el continente. La intención era cruzar a Macedonia y continuar hacia Alemania.



Una vez en Grecia marcharon a la frontera, el lugar era Idomeni. La Unión Europea les jugó una mala pasada, a través de un acuerdo con Turquía cierran todas las fronteras de Europa y como las viejas murallas medievales, cientos de kilómetros de alambrados con púas emergían desde el suelo hasta los 3 metros de altura.  A la vez que las fuerzas de seguridad se desplegaban a fin de evitar intentos de sortearlas.
El sueño de Nur se desplomó como el ánimo del resto de la familia. 
Los miles de migrantes que día a día llegaban a ese paraje al norte de Grecia, chocaban con la dolorosa realidad de tener que interrumpir su camino hacia otros países del viejo continente. En tan sólo un mes, el improvisado campo de refugiados de Idomeni albergaba a más de 13.000 personas. Niños, adultos, ancianos, gente en sillas de ruedas, mujeres embarazadas, niños con parálisis cerebral, todos allí, a la intemperie, bajo la lluvia y el frío primero y bajo el sol abrazador y las alimañas después. 
Allí los conocí. Fueron los primeros que vi. "My friend, my friend come to my tend please" Esas fueron las primeras palabras que oí en aquel paraje repleto de sueños de una vida mejor.
Nizar, el papá de Nur me invitó a su tienda y allí conocí al resto de su familia. Durante un mes, cada día compartía con ellos un rato a la tarde o a la mañana. Me contaban de su pueblo en Siria, de lo que estaban huyendo y de lo mal que estaban siendo recibidos por las autoridades en estas tierras lejanas y desconocidas. 
Ante el abandono premeditado de la UE, miles de voluntarios de diferentes partes del mundo se hicieron presentes. Y no es algo menor. Sin los rescatistas catalanes en Lesbos, las muertes hubiesen sido un número infinitamente mayor. Sin los voluntarios que crearon el Idómeni Cultural Center, la vida de los niños en el campo hubiese sido un infierno. Sin los bomberos voluntarios españoles, sin los daneses que traían comidas, sin los voluntarios griegos que se ocupaban de la limpieza del predio, sin los cientos de chicos y chicas voluntarios que se acercaban a compartir una conversación, un té o algún juego, Idomeni hubiese sido mucho peor de lo que fue.
Así pasaron los meses, entre la ansiedad de esperar la apertura de las fronteras y la decepción. Finalmente, el gobierno griego decidió desalojar estos campos improvisados y abiertos y trasladar a las familias a nuevos "centro de acogida militarizados". Allí ellos pueden moverse libremente e ir hasta las ciudades cercanas si lo desean y si cuentan con dinero suficiente para ello caso contrario deberán quedarse en sus tiendas haciendo nada a la espera que algo cambie.
Nur perdió en estos meses más de ocho kilos, sus hermanitas otro tanto. La comida que les dan en los centros son realmente repulsivas y faltos de todo lo necesario para una adecuada alimentación. 
Ellos terminaron en Sindos, un barrio a quince minutos en coche de Tesalónica. Allí, dentro de una antigua fábrica, el gobierno improvisó este centro y aunque las tiendas quedaron bajo techo las lluvias penetraban por todas partes inundando el recinto y empapando las pocas pertenencias de la gente. 
Nur y sus hermanas, Mais y Aya. Idomeni
Abril 2016
A mediados de agosto regresé a trabajar a Grecia y otra vez tuve el honor de encontrarme con Nizar y su familia. Vi en él el cansancio. Se le notaba en el rostro. Su esposa aunque igual de cansada, no perdía la sonrisa y la amabilidad. Algo que no voy a olvidar jamás fue el abrazo interminable de Nur en el reencuentro. Tampoco el abrazo de la despedida.
Ya de regreso de Grecia, Nizar me cuenta que un amigo le había prestado una casita y habían dejado el centro de acogida, lo cual era un gran paso !! El tema ahora es como proveerse de comida, artículos de limpieza, ropa, ya que allí nadie les iba a dar nada y Nizar no está autorizado a trabajar. Por ello, y sabiendo de antemano que es sólo un parche a la situación, es que con amigos que han seguido mis trabajos en Lesbos, Idomeni y éste último en Tesalónica y Atenas, estamos juntando algo de dinero para enviarles y que puedan ir pasando los días de una manera un poquito más digna. 
Quienes lean esta historia y deseen colaborar, pueden escribirme a reporteronomade@gmail.com
Es una manera improvisada y de urgencia pero creo que algo puede ayudar.
Mi contacto con Nizar y su familia es diario por internet y se lo importante que es para ellos que los acompañemos. 
Deseo profundamente que los próximos encuentros con ellos sean en un lugar seguro y con una nueva vida, en Siria o en el país que los reciba.



Nizar nos enseña una granada de gas lacrimógeno lanzada por la pokicía de Macedonia sobre su tienda.
Abril 2016
Mais en la tienda. Campo de refugiados de Idomeni.
Abril 2016
Nur y su mamá. Sindos
Agosto 2016





miércoles, 31 de agosto de 2016

Fotografías "Refugiados sin Refugio"

Isla de Lesbos, Grecia. Octubre 2015.









Campo de refugiados de Idomeni. (Frontera entre Grecia y Macedonia). Abril 2016.













Campos de refugiados de Cherso, Grecia. Agosto 2016.